Lluvia, festejos y locura en el Ángel




Paseo de la Reforma y la glorieta del Ángel de la Independencia se convirtieron en una pequeña sucursal del Estadio Azteca tras la victoria


Lluvia de alegría. El agua del cielo oscuro de la Ciudad de México festejó junto con miles de capitalinos el triunfo de una Copa del Mundo. Un triunfo Sub-17. Suficiente motivo para festejar alrededor del Ángel de la Independencia pese a la inclemencia del cielo.




Las toneladas de agua bañaron a alrededor de ocho mil aficionados, gustosos de celebrar un segundo triunfo del Tricolor en días. Si hace un par de semanas fue por la Copa de Oro, ahora el espíritu de fiesta se debio al Mundial para menores conquistado a Uruguay en terreno azteca.



Esta vez las banderas tricolores no fueron las de mayor venta. Impermiables verdes, blancos y rojos fueron el éxito de vendedores que, resignados, guardaron los mojados lábaros pátrios para septiembre.



Jóvenes, en su mayoría, aprovecharon las vialidades cerradas de Paseo de la Refoma para expropiarse del espacio con cánticos, gritos y bromas en las diversas fuentes surgidas ante el mal servicio de desague de alcantarllas.



"¡México, México, México!". El grito de guerra de la Selección Nacional se esparcio en el preludio de una larga noche celebraciones. Camisetas verdes, pinturas en las caras, palicacates patrios y vendas médicas.



El nuevo elemento de los aficionados fueron las cabezas vendadas con mancha de sangre incluida en memoria de Julio Gómez. El nuevo héroe del colectivo.



Pies mojados. La insensibilidad en las extremidades de los presentes en Ángel era evidente. Y es que la lluvía nunca cesó. Algunos obtaron por los esquites calientes, otros por el café caliente y, unos cuantos, aparecieron botellas de vidrio con el aroma etílico.



"Foto, foto, foto"... y de inmediato, miles de personas posaban en lo que iba a ser la instantante de dos o tres personas con el Ángel en el fondo. Eran los casa retratos, una broma de las miles que se hicieron.



El cielito lindo se entono consentimiento. Pechos ergidos, como pocas veces. Apenas el segundo festejo de salir campeón en una Copa Mundial organizada por la FIFA.



Apareció el ruido de una motocicleta en pleno núcleo de los festejos. Un infiltrado vehículo motor superó los anillos de seguridad de los granaderos y empezó a dar vueltas alrededor del monumento a la Independencia, con una estela de aficionados corriendo atrás del impruedente motorista, amparados bajo el grito de "México".



"¿Y dónde están, y dónde están? Los uruguayos que nos iban a ganar", otro cántico de guerra recordando a una "garra" que, por lo menos en el césped del Azteca, nunca apareció.



La húmeda noche tricolor avanzó con más agua entre los aficionados. De las esquinas del Ángel brotaron piscinas para bañarse. Aventar agua. Poca importancia tuvo si se trataba de líquido con tono grisaceo.



Llegó la batucada. "Daaale Méeexico, daaale ohhh". Cánticos de patente Puma se escucharon de aficionados con algunas camisetas aurizaules. Pero a este grupo se unieron hasta los de camisa azul, crema o rayada.



Horas nocturnas de pláticas alegres con la mención de nombres como Espericueta, Fierro, Gómez, Gutiérrez. Los culpables de la lluvia de festejos.

Además de las banderas, los rostros pintados, el clásico espray, impermiables de verde, blanco y rojo, aparece la venda de 'somos Gómez' en la celebración

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