Mario Villanueva Tovar ¿El dueño de Saltillo?

Desde hace más de 25 años, este líder cobra cuotas, renta, vende, intercambia, desaloja y lucra con los espacios públicos a su antojo sin que las autoridades tomen el control de los mercados ambulantes. ¿Hasta cuándo?, se preguntan los comerciantes.


Saltillo, Coahuila. Locatarios de los distintos mercados rodantes de la ciudad, alzan la voz para denunciar la serie de abusos y arbitrariedades de que han sido víctimas, durante años, por parte de la Unión de Comerciantes “Mario Villanueva Tovar”.




Una organización que, según sus propios miembros, se ha adueñado de las calles de Saltillo rentando y vendiendo, a su libre albedrío, espacios públicos en los tianguis autorizados por la Presidencia Municipal, a precios que van de los 50 pesos a los 20 mil y 25 mil pesos, según la época del año, ubicación y tamaño de los lugares.



A esto se suman los reclamos por los dineros que obtiene la asociación con el cobro de cuotas y multas “injustificadas”, de las cuales nunca ha rendido cuentas a sus – se calcula – más de 500 agremiados.



“Estamos hasta la madre de ‘dame una cooperación para esto, para esto otro’”, se queja José Luis Alvarado Recio, uno de los más de 150 inconformes con la administración de Villanueva Tovar, su hermano Juan y los coordinadores que controlan esta organización.

La lista de irregularidades cometidas por esta Unión de Comerciantes, que hace unos 25 años no cambia de líder ni mesa directiva, es larga.



“Se le ha preguntado a Mario Villanueva que por qué no ha convocado a elecciones y siempre argumenta que la Unión es de él, que él formó la Unión y que el edificio de Evaristo Madero, donde está la sede de la Unión, es de él”, relata José Luis Alvarado.



De acuerdo con la versión de estos locatarios Mario Villanueva Tovar, apoyado por su hermano Juan y los coordinadores de esta agrupación, “se quedan” con los dineros que cobra la Unión por concepto de derecho de piso a los comerciantes de mercados sobre ruedas, cuya aportación anual, de entre 600 y 800 pesos, no es reportada a las arcas de la Tesorería Municipal.



Condición que ha provocado que un número considerable de agremiados a esta Unión no aparezcan en el padrón de comerciantes de la Tesorería Municipal, ni cuenten con el permiso oficial expedido por el Ayuntamiento para vender en los mercados rodantes de la ciudad.

“Conozco gente que tiene trabajando 25 años y jamás ha sido dada de alta en Presidencia. Mi último permiso es de 2006, ¡se imagina! Cinco años de estar pagando 600 pesos, o sea que la Unión ya se quedó con 3 mil pesos míos”, deduce Juana María Meléndez, una de las locatarias más antiguas de esta organización.




Hace unos meses que don Juan José Tancredis Zamora, otro comerciante de tenis semi nuevos, acudió a la Tesorería Municipal para checar cómo iba en los pagos de sus permisos para instalarse en varios mercados de Saltillo. Su sorpresa fue grande cuando un funcionario de esta oficina le informó que ni siquiera existía en el padrón de locatarios del Ayuntamiento.



“La unión me vendió lugares y no existo, no estoy registrado en Presidencia, entonces ¿a dónde fue a parar ese dinero?”, cuestiona.



Hasta hay quien se ha atrevido a presumir un mal manejo de los recursos que ingresan a la Unión, por concepto de pagos de permisos al Municipio.

“Los pagos se hacen a través de la Unión, la Unión le paga al Municipio. A nosotros nos cobran entre enero y febrero y después de dos o tres años te dan el permiso ‘ah mira aquí está tu permiso de 2007’. Ese dinero la Unión lo jinetea y después, al año o año y medio, paga lo correspondiente.



“Antes de darte el permiso, te dan un papel que no está ni membreteado ni sellado, es un vil papel, donde te dicen que la Unión recibió por concepto de pago de tal año, pero si vas a Presidencia y muestras ese papel te dicen ‘eso es basura’” detalla José Luis Alvarado.


Esto sin contar las cuotas sindicales de más de 450 pesos que año con año recoge la asociación a sus agremiados, así como las multas de 150 pesos que obliga a pagar a los comerciantes cuando incurren en faltas a sus reuniones y eventos especiales, y de las que hasta ahora los afiliados a esta Unión desconocen uso y destino.




“Si no vas a las reuniones del 10 de Mayo, el Día del Niño, que la Peregrinación del 12 de Diciembre, aparte de que te cobran una cooperación, tienes que pagar una multa. Que hay un evento del partido y que no vas, te cobran multa, tienes que ir a apoyar a un candidato aunque no sea de tu elección, si no te cobran. Si no vas a apoyar al partido que los apoya en todas sus corruptelas, te cobran 150 pesos de multa, por no ir de acarreado”, refiere Francisco Rodríguez, un comerciante que hace tiempo fue desterrado de la organización, luego que denunciara públicamente los tejes y manejes de Mario Villanueva, líder que en febrero de 2008 fue homenajeado por su partido, tras cumplir 35 años de servicio y en reconocimiento –se dijo – “a la defensa que ha realizado por su gremio”.



A la par los vendedores ambulantes revelan cómo esta Unión, a la que califican como una de las más corruptas entre los 10 sindicatos de mercados sobre ruedas que existen en Saltillo, renta y vende espacios en la vía pública a sus agremiados, lo mismo que a comerciantes independientes que van a los tianguis en busca de lugares para exhibir y vender sus mercancías.



Es el caso de los mercados “Agua Chiquita” y “Gumosa”, ambos localizados por el rumbo de la colonia Bellavista y en donde la Unión de Mario Villanueva Tovar, renta pedazos de calle de tres y seis metros cuadrados a 50 y 100 pesos, respectivamente. Alquiler que se dispara al doble durante las épocas de mayor venta, como es la temporada navideña.




“Como socios tenemos derecho a seis metros de piso de la calle. Tú te adherías a la Unión, pagabas dinero por pertenecer a ella y eso te daba derecho a seis metros, ahí podías trabajar los días de mercado”, comenta el locatario José Alvarado Recio.



Se sabe además que en los cerca de 25 tianguis controlados por esta Unión, los espacios para instalar un puesto son vendidos a los comerciantes, sin importar derecho de antigüedad, hasta en 10 y 15 mil pesos, pago que no los exime de ser removidos o expulsados por la directiva de la “Juan Villanueva Tovar”.



“En cualquier momento que ya no les caigas bien, que te quieran quitar, te quitan y los vuelven a vender a otra gente. En eso se basa su negocio”, precisa Francisco Rodríguez.



Mientras que en mercados como el de la Guayulera y el sector Tetillas, que abarca cada uno unas 25 cuadras de puestos semi fijos, los espacios para la venta de ropa, aparatos electrónicos o calzado, alcanzan los 25 mil y 30 mil pesos.



Entonces la Unión hace valer su fuerza para quitar y poner vendedores a su arbitrio:



“En época navideña viene gente de Guadalajara, México y León, que renta 12 ó 18 metros y quieren en una esquina. Ellos no vienen a vender 500 pesos, vienen a vender mucho dinero. Se acerca la agencia Chevrolet Gasa y dicen ´¿sabes qué?, quiero exhibir dos o tres carros aquí`, les dice la Unión ´qué lugar te gusta`, dicen ´esa esquina`. La Unión les vende el espacio en 20 ó 25 mil pesos y al locatario que estaba en ese sitio lo quitan,´quítate porque necesito el lugar'.



“Nuestra pregunta es: ¿a dónde va a parar el dinero por concepto de venta de lugares, de cuotas anuales y de faltas? Si tú me preguntaras ¿como de cuánto estamos hablando? No te lo podría decir...”, suelta José Luis Alvarado, a quien la Unión ha amenazado varias veces con expulsar de sus filas si sigue cuestionando la labor de sus dirigentes y coordinadores.



Lo cierto es que entre los puestos de los mercados ha comenzado a demabular el rumor de que Mario Villanueva, el secretario general de la Unión de Comerciantes, está construyendo una mansión de lujo en su natal Real de Catorce.



– ¿Cómo se manejan en otras Uniones?–



Responde José Luis Alvarado:



“Yo he ido a trabajar a otras uniones me dicen ´¿quieres trabajar aquí?, te rentamos un lugar`, me hacen lo que Villanueva: ´¿quieres un lugar?, cómpralo`”.




Rematan la calle




Con la ayuda de un ciudadano disfrazado como un vendedor de ropa usada, SEMANARIO pudo comprobar la venta de espacios públicos en uno de los mercados más grandes que controla la Unión de Comerciantes “Mario Villanueva Tovar”.



Se trata del tianguis ubicado en la colonia Nogales, al oriente de la ciudad, y en el que se instalan, sábado y domingo, alrededor de unos 400 puestos ambulantes que exhiben artículos variados.

El primer paso, grabadora oculta, es buscar a uno de los coordinadores de la Unión de Comerciantes, los cuales cumplen la tarea de cobrar las rentas a los locatarios del mercado y asignar nuevos lugares a los vendedores que llegan aquí en buscan de un espacio para ofrecer sus mercancías.



Luego de que el pseudo vendedor de ropa semi nueva ha localizado a los coordinadores, tres hombres de cachucha, sombrero y fólders en mano, es conducido al final del mercado donde la gente de Mario Villanueva Tovar le ha autorizado instalarse.



Al cabo de un rato y mientras el vendedor arma su puesto, que es de una estructura metálica y una lona desteñida, uno de los coordinadores, tez blanca, barba de candado y cuerpo grueso, se acerca a solicitarle la suma de 30 pesos por la renta del espacio.



Mientras esto sucede el resto de los coordinadores se ocupan en cobrar la renta a los demás comerciantes, algunos de los cuales exhiben sus productos tirados en el suelo y sin un toldo que los proteja del sol.




“Cóbrale a esa, ¿ya pagó esa?”, se les oye decir en tono despectivo, refiriéndose a una vendedora.



El comerciante de ropa usada comenta al coordinador que desearía un lugar mejor en este tianguis, pero el hombre de la barba de candado le advierte que para ello es necesario llegar temprano, traer una estructura más grande y pagar 50 pesos por la renta de tres metros cuadrados, “allá es un poquito más caro...”, suelta señalando los arcos amarillos a la entrada de la colonia Nogales.



Y agrega que para acceder a un lugar fijo, el vendedor de pantalones de segunda tendrá que pagar también una cuota de ingreso a la Unión que oscila entre mil y mil 500 pesos “y otras cosas...”, apunta.



Cuando el comerciante ficticio indaga sobre la posibilidad de comprar un lugar en este u otro mercado para instalar un negocio grande, el coordinador responde:



“Tú vente a jalar, cálate primero y luego vemos”.



Prepotencia al mayoreo




Pero para los locatarios adheridos a la Unión de Comerciantes, ésta es sólo la punta de una madeja de abusos y arbitrariedades que desde hace más de 25 años han venido cometiendo en su contra Mario Villanueva Tovar, su hermano Juan y los coordinadores de esta organización.



Quién hubiera pensado que bajo los toldos multicolores y detrás de las mercancías de los tianguis rodantes de la ciudad, se escondan historias truculentas como la de Juana María Meléndez, comerciante de ropa usada, que a su llegada a este sindicato hace más de 20 años, dijo haber sufrido el acoso de los coordinadores de la Unión que le ofrecían los mejores lugares en los mercados a cambio de favores sexuales.



“¿Sabe que los coordinadores acosan a las mujeres para prestarles un lugar? A mí me pasó, me daban mi palmadita y me decían ´pórtate bien morenita, vas a tener un lugarcito, pero si te portas bien`, esas eran sus palabras. Luego ibas a las juntas, lo decías y la gente se agarraba a risa y risa” denunció Juana María.

O como la de Alejandra Romero, que por el sólo hecho de investigar sobre el manejo de los dineros que esta agrupación cobra a sus agremiados en permisos de Presidencia Municipal, cuotas anuales, multas por faltas y renta y venta de espacios públicos, fue agredida verbalmente y despedida de esta Unión.



“Estaba en mi puesto con mi sobrina, nos estábamos riendo, en eso pasó don Juan el hermano de Mario y se nos quedó mirando, pero ni caso le hicimos. Regresa Juan y me dice ´qué trae`, le digo ´nada` y se retiró de nuevo. Al rato volvió y le dice a una coordinadora ´a esta señora la tengo que estirar, porque se están burlando de mí’, yo me le quedé viendo, pero no le dije nada. Pasó enfrente de mí y me dice ‘¿qué traes?, ¡vente, vente!’, a mí me dio coraje, le di la queja a mi esposo, hubo un reclamo, llegaron a los golpes”.

Días después le mandaron una carta con el membrete de la Unión en la que se le avisaba que ella y su marido estaban dados de baja.



Algo parecido le sucedió a José Luis Alvarado Recio, un comerciante de materias primas, que después de reclamar al líder Mario Villanueva Tovar el haberse apropiado de la Unión de Comerciantes y de haber encabezado varias manifestaciones para pedir su destitución, fue amenazado en su integridad física.

“Me mandó mensajes con un coordinador que se llama Juventino, dice: ‘te traigo un mensaje de Mario Villanueva, dice que estás obrando mal, que él te puede dar, si no es a ti a tu señora, un puesto de coordinador’, le digo ‘espérate, es que no tengo aspiraciones de ser coordinador, estás mal’ y luego dice: ‘Él nada más te manda decir que te cuides, porque tiene modos para arreglarlo por otro lado, que ceses de atacarlo’”.



Privilegios a granel



Con base en las declaraciones de estos oferentes, es común que entre los líderes y coordinadores de esta organización se repartan los mejores espacios en los tianguis más populares y grandes de la ciudad, espacios que ellos no trabajan, pero sí rentan a precios caros entre los comerciantes que pueden pagar por ellos.




“No pagan permisos, ni cuotas, ni nada. El que tiene más lugares es Mario Villanueva y ese dinero es de él. Imagínese estamos hablando de 50 lugares a un mínimo de 50 pesos, diarios son dos mil 500 pesos, multiplíquelo por siete días y le dan 17 mil 500 pesos, bajita la mano, porque sus lugares no son de tres metros, son de seis, nueve y 12 metros”, calcula José Luis Alvarado.




Los locatarios denuncian además cómo los coordinadores, abusando del poder que les da la Unión, realizan prácticas de rapiña en los mercados sobre ruedas al tiempo que cobran los importes de las rentas a los comerciantes en actitud por demás despótica.

“Los coordinadores tienen el privilegio de ir a quitarte la mercancía. Si a ese coordinador le gustó esa camisa, él tiene el privilegio de ir a quitármela y no pagarla. Así les quitan peluches, agua, comida. Los señores roban, nosotros vamos a ganarnos la vida y ellos van a robarnos”, narra Alejandra Romero.



Regatear con la verdad



Cae la noche en el barrio del Águila de Oro y en el salón de la Unión de Comerciantes “Mario Villanueva Tovar”, está por concluir una reunión en la que varios hombres parecen discutir sobre el adeudo que una locataria mantiene con la organización.



He venido hasta aquí con la intención de conocer la versión de Villanueva Tovar, el dirigente de la Unión, sobre las acusaciones vertidas en su contra por un grupo de comerciantes en este reportaje.

Detrás de un escritorio se ve a un hombre moreno y de cabello lacio, sentado en una silla de ruedas y al que sólo se le oye balbucear palabras que otros se encargan de traducir a los presentes en la junta.



Alguien me dice que estoy frente al líder Mario Villanueva, al que de inmediato tiendo la mano y pido me conceda una entrevista para aclarar algunos puntos concernientes a su organización.



Un hombre de piel tostada, achaparrado y regordete, que está sentado junto al hombre de la silla de ruedas y al que todos llaman Juan Villanueva, me encara para preguntarme el motivo de mi visita al búnker de la Unión : “vengo con don Mario para tratar un asunto relacionado con lo de su agrupación”, repito, “traes identificación”, inquiere y cuando le muestro la credencial del periódico echa un vistazo desconfiado y revira:



– Yo puedo hacer una de éstas y decir que vengo del periódico.

– ¿Usted lo puede hacer?



– Sí.



– Aquí está mi celular para que llame al periódico y pregunte por mí.



– No, yo no tengo nada que hablar con ellos.



– Entonces?



– Ven cuando traigas un papel que te avale como reportero de ahí.

Y sin más Juan, el hermano de Mario Villanueva, da la media vuelta y va donde su líder.


Mercaderes de pobreza




A decir de este grupo de vendedores inconformes, este panorama ha agravado la situación económica de cientos de familias que han encontrado en los tianguis su única opción de empleo.

Pese a que no existe un censo que defina el perfil del sector que labora en los mercados rodantes, se sabe que un porcentaje elevado de la gente que asiste a estos lugares, en calidad de vendedores ambulantes, son adultos mayores, personas con enfermedades crónicas o alguna discapacidad que les impide acceder a un trabajo formal.



“Es gente que necesita trabajar y no le conviene estar en mal con la Unión porque no les prestaría lugar dónde vender. Aquí no puedes reclamar, ´si tienes necesidad de un trabajo agacha los cuernos`, te dicen”, señala José Luis Alvarado, quien hace más de 12 años llegó a los mercados sobre ruedas luego de perder su empleo en una fábrica textil.



Que no le digan, que no le cuenten...



La renta y venta de espacios públicos en los tianguis por parte de algunos líderes de uniones locales de comerciantes, es un secreto a voces.



Así lo reconoce Carlos Amador Chavela, titular de la Dirección de Servicios Concesionados del Municipio, toda vez que aclara que los 25 inspectores con los que cuenta este departamento son insuficientes para controlar los 49 mercados que hay en la ciudad.



“No los hemos cachado, son secretos a voces, por así decirlo, sin embargo, ya es cosa del comerciante que le quiera comprar a esas personas. No solapamos, pero no me consta que haya situaciones oscuras...”.



Asegura, empero, que las autoridades del Ayuntamiento están conscientes de esta situación y están a la orden para atender cualquier denuncia que incrimine a su plantilla de supervisores.

Señala, además, que desde hace más de seis años la dirección a su cargo suspendió la entrega de nuevos permisos para trabajar en los mercados rodantes.



“No queremos que crezcan demasiado”, sentencia.

– ¿Pero hay gente que vende y renta la calle todos los días a nuevos comerciantes?–



“No soy quién para decirlo, no tengo la información al respecto.

Y luego se contradice:



“Además la situación económica en México no es tan boyante como para que puedas poner un control férreo y decir ‘a volar’, creo que tiene que haber tolerancia”.



Cuestionado sobre el por qué el Municipio ha cedido el control de los tianguis callejeros a las diferentes uniones de comerciantes, Amador Chavela responde:



“Se puede decir que hasta cierto punto auxilian las funciones de las oficinas, pero no es que las uniones controlen, el manejo de los permisos o concesiones es del Municipio”, clarifica.




“En cualquier momento que ya no les caigas bien, que te quieran quitar, te quitan y los vuelven a vender a otra gente. En eso se basa su negocio”,




FRANCISCO RODRÍGUEZ.


Mercadotes




Entre los mercados más grandes se encuentran:



Guayulera



800 a mil puestos.



Gumosa



Más de 500



Agua Chiquita



Más de 300



Una minita de oro



Según la Dirección de Servicios Concesionados del Municipio existen 49 tianguis diseminados por toda la ciudad. Sin embargo, cifras extraoficiales hablan hasta de 70 mercados



¡Pásele marchante!



Se estima que alrededor de unas 3 mil 300

personas trabajan en estos mercados.



El poderío



De acuerdo con la información del Ayuntamiento se sabe que la Unión de Comerciantes “Mario Villanueva Tovar”, maneja entre 25 ó 30 mercados en la ciudad.



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